La metáfora del circuito de tuberías para entender la complejidad de las listas de espera

Para entender lo que está pasando, sobre todo con las primeras consultas de especialidades, necesitamos cambiar la imagen mental. No se trata solo de imaginar colas de personas esperando, sino de entender que en realidad estamos ante un flujo continuo, como el agua que se mueve por un circuito.
El sistema sanitario funciona como un conjunto de tuberías conectadas.
Por unas partes fluye con normalidad, en otras se acumula; a veces avanza rápido y otras veces se frena; y en determinados puntos necesita liberar presión para no bloquearse por completo.
Existen volantes que abren o cierran el paso —como las decisiones de agenda, derivación o priorización— y válvulas de seguridad que alivian la presión cuando el sistema no puede absorber más caudal.
Cuando dejamos de mirar solo las listas de espera como si fueran colas fijas y empezamos a ver este circuito en movimiento, todo empieza a tener sentido. Porque la presión no desaparece: solo cambia de sitio dentro del sistema.
De Atención Primaria a las primeras consultas de especialidades
Si el circuito de tuberías que empieza y termina en Atención Primaria envía un mayor caudal hacia las consultas especializadas —es decir, más interconsultas—, y la válvula que regula ese paso se abre más, la presión en las primeras consultas aumenta inevitablemente.
Y esa presión inicial suele invitar a acelerar esas primeras consultas para evitar que se desborden.
Pero cuando aceleras las primeras consultas, ese caudal extra pasa muy rápidamente al siguiente tramo del circuito: las áreas de pruebas diagnósticas (radiología, imagen, laboratorio).
El cuello de botella en radiología y su impacto en todo el circuito
Cuando el caudal llega a la fase diagnóstica, la presión se queda allí.
Ese tramo funciona como una cámara de espera: nada puede avanzar hasta que las pruebas están hechas.
Y aquí aparece un punto crítico:
si radiología se satura, toda la cadena se frena.
¿Por qué?
- Las consultas sucesivas necesitan esas pruebas para resolver casos y cerrar diagnósticos.
- Sin pruebas, las sucesivas no pueden avanzar.
- Y sin sucesivas resueltas, tampoco se generan indicaciones quirúrgicas, que son las que alimentan la lista de cirugía.
Un atasco en radiología provoca tres efectos encadenados:
- Las sucesivas se ralentizan porque no tienen pruebas con las que trabajar.
- La resolución clínica se reduce porque los especialistas no pueden cerrar casos.
- La entrada hacia cirugía baja, no por falta de demanda, sino porque radiología está actuando como cuello de botella.
En otras palabras:
Primaria acelera → primeras consultas aceleran → radiología se satura → las sucesivas se frenan → cirugía recibe menos casos.
Esa es la secuencia real del circuito.
Menos sucesivas, menos presión hacia cirugía
Si la presión real se acumula en radiología u otro tramo intermedio, el caudal que debería avanzar hacia cirugía no llega.
La lista quirúrgica baja, sí, pero no porque se resuelva más, sino porque entra menos presión desde las consultas.
Y eso significa que, aunque mantengas la misma actividad quirúrgica, o incluso la aumentes, no se incrementa la resolución final del circuito.
Solo estás trabajando con menos entrada de casos porque el tapón está colocado antes.
Puntos de válvula de escape: urgencias, privada y los “pendientes”
Además del circuito principal, existen válvulas de escape —como en una olla a presión— que alivian parte del caudal cuando el sistema no puede absorber más:
- Urgencias, que absorben pacientes cuando la vía programada se bloquea.
- La privada, que actúa como una tubería paralela tanto en consultas como en pruebas y cirugía.
- Los pacientes que quedan fuera del circuito porque temporalmente no pueden operarse, están pendientes de otras patologías o bloqueados por trámites administrativos.
- Aquí también están quienes fallecen o quienes quedan en una situación de espera latente.
Estas válvulas alivian, sí, pero no aumentan la capacidad real del sistema.
Solo redistribuyen la presión.
Si el dato baja, bienvenido sea… pero hay que mirar el circuito entero
Que los datos de lista de espera estén estables o incluso disminuyan ligeramente es siempre una buena noticia.
Pero solo es una parte de la historia.
Puede ser positivo o puede ser un espejismo, dependiendo de cómo estén funcionando las presiones internas del circuito asistencial.
Por eso insistimos:
no podemos sacar conclusiones mirando solo las listas de espera.
Las listas son la punta del iceberg, la parte en la que la presión excedida se hace visible.
El comportamiento real está dentro del sistema: en cómo se mueve, se acumula o se desvía esa presión en cada tramo.
Entender esto es tan complejo como el propio sistema sanitario.
Por eso debemos huir de explicaciones simplistas y de decisiones aisladas que no tengan en cuenta el conjunto.
Nosotros llevamos cinco años dedicados a estudiar este circuito.
Y algunos llevamos treinta años intentando ver la luz en este sistema que llamamos sanidad.

