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La lista de espera quirúrgica puesta en perspectiva poblacional: Más allá de la lista de espera

El Indicador de Presión Asistencial Poblacional (IPAP)

Las listas de espera quirúrgicas forman parte del debate sanitario desde hace años. Habitualmente se analizan como un número: cuántos pacientes esperan una intervención en un momento determinado. Este enfoque, aunque descriptivo, resulta insuficiente para comprender la magnitud real del problema y, sobre todo, para compararlo entre territorios.

Ilustración de Antonio Burgueño, experto en gestión sanitaria

En planificación sanitaria es una práctica consolidada situar los datos en relación con la población de referencia. Así se interpretan la frecuentación por 1.000 habitantes, la incidencia por 100.000 personas o las tasas ajustadas de utilización de servicios. Aplicar esta misma lógica a las listas de espera permite poner el dato en perspectiva y convertir un volumen aislado en una herramienta analítica.

Desde este marco, la lista de espera deja de ser únicamente un número y pasa a entenderse como la expresión de la presión asistencial que soporta el sistema quirúrgico sobre su población protegida.

Cuando el crecimiento demográfico no basta para explicarlo

La evolución de la población con tarjeta sanitaria muestra, en términos generales, un crecimiento sostenido y relativamente estable. La lista de espera quirúrgica, en cambio, presenta un comportamiento más irregular, con oscilaciones que no siguen exactamente el mismo patrón.

Aunque ambas variables comparten una tendencia general al alza, su relación no es proporcional. El sistema no absorbe la demanda quirúrgica al mismo ritmo que crece la población protegida. Este desajuste indica que el aumento de pacientes en lista no puede atribuirse únicamente a un efecto demográfico.

La explicación hay que buscarla en factores estructurales: capacidad de resolución, organización del acceso, gestión de flujos y criterios de priorización.

Del volumen a la presión real del sistema

A partir de aquí, el análisis basado exclusivamente en números absolutos deja de ser suficiente. Comparar listas de espera sin considerar el tamaño de la población de referencia distorsiona la lectura e impide comparaciones rigurosas entre territorios.

La cuestión relevante no es solo cuántos pacientes esperan, sino qué presión ejerce esa espera sobre el sistema sanitario en relación con la población a la que debe dar respuesta.

Este cambio de enfoque da sentido al Indicador de Presión Asistencial Poblacional, que expresa la carga de la lista de espera quirúrgica como pacientes por cada 1.000 personas con tarjeta sanitaria. El indicador no mide actividad ni productividad. Mide presión acumulada.

Lo que el indicador pone de manifiesto

Cuando la lista de espera se analiza desde esta perspectiva, las diferencias entre territorios se hacen evidentes. La comparación muestra una heterogeneidad muy elevada, con valores que se multiplican varias veces entre unos sistemas y otros.

Estas diferencias no pueden explicarse únicamente por la estructura demográfica o epidemiológica. Apuntan a modelos de gestión distintos, con variaciones en:

  • Capacidad quirúrgica efectiva.
  • Organización de las listas de espera.
  • Criterios de acceso y priorización.
  • Relación entre demanda, derivación y resolución.

Desde esta óptica, el problema de las listas de espera no es homogéneo, aunque con frecuencia se aborde como si lo fuera.

Cuando aumentar actividad no reduce la presión

Uno de los mensajes más relevantes que se desprenden de este análisis es que incrementar la actividad quirúrgica no siempre reduce la presión asistencial. En determinados contextos, la presión se mantiene elevada pese a aumentos sostenidos de actividad.

Esto sugiere que el origen del problema no reside únicamente en el quirófano, sino en el modelo de acceso al sistema y en la gestión de los flujos previos. La presión no se genera en el último eslabón del proceso; se acumula mucho antes, en la forma en que se regula la entrada al circuito quirúrgico y se ordena la demanda.

Aplicación del indicador en España: una lectura territorial necesaria

Aplicar el Indicador de Presión Asistencial Poblacional al caso español permite ilustrar con claridad su utilidad práctica. España cuenta con un sistema sanitario descentralizado, en el que las comunidades autónomas asumen la organización y gestión de la atención sanitaria, lo que convierte la comparación territorial en una herramienta especialmente relevante.

Cuando la presión asistencial se analiza de forma normalizada por población, se observa que territorios con poblaciones comparables soportan niveles de presión quirúrgica muy distintos. Estas diferencias no responden únicamente a la estructura demográfica, sino a formas de organizar el acceso, gestionar la capacidad y ordenar las listas de espera.

Desde esta perspectiva, el indicador permite:

  • Identificar comunidades donde la presión es estructuralmente más alta.
  • Distinguir situaciones coyunturales de problemas persistentes.
  • Detectar territorios que contienen la presión con modelos organizativos más eficientes.

El valor del indicador no reside en establecer rankings, sino en entender por qué sistemas que operan bajo un mismo marco normativo producen resultados tan diferentes en términos de presión asistencial.

Orientar decisiones de gestión, no solo describir el problema

Leído correctamente, el indicador desplaza el foco desde la pregunta “¿cuántos pacientes esperan?” hacia otra mucho más operativa: “¿dónde se está acumulando presión y por qué?”.

Esto permite orientar decisiones de gestión con mayor precisión. En algunos territorios, la prioridad puede estar en reforzar capacidad quirúrgica. En otros, el problema apunta a los circuitos de acceso, la priorización o la gestión de la demanda previa. Y en otros casos, la presión refleja desajustes entre niveles asistenciales que trascienden al propio bloque quirúrgico.

Un marco aplicable más allá de la lista quirúrgica

Aunque este análisis se ha centrado en la lista de espera quirúrgica en el ámbito nacional, el enfoque del Indicador de Presión Asistencial Poblacional no es exclusivo de este ámbito. El mismo marco conceptual puede —y debe— aplicarse a otros niveles del sistema:

  • Especialidades concretas, donde la presión puede concentrarse de forma muy desigual.
  • Áreas asistenciales o departamentos de salud, para identificar cuellos de botella locales.
  • Niveles previos del proceso asistencial, como consultas externas o pruebas diagnósticas, donde la presión se genera y se desplaza antes de llegar al quirófano.

Trabajar la presión asistencial desde esta lógica permite construir una lectura integrada del sistema, coherente con la planificación sanitaria moderna y alineada con el análisis de flujos, no solo de stocks.

Un indicador para pensar el sistema

El Indicador de Presión Asistencial Poblacional no debe entenderse como una métrica aislada, sino como una herramienta para repensar cómo se analizan, comparan y gestionan los sistemas sanitarios. Situar los datos en su contexto poblacional, identificar dónde se acumula la presión y comprender por qué se produce son pasos necesarios para avanzar del dato a la decisión. Ese es el verdadero valor del indicador: ayudar a ver el sistema como un conjunto de equilibrios dinámicos, y no como una suma de cifras independientes.

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