Lecciones desde… Corea del Sur: primero cultura y procesos, luego tecnología
Después de detenernos en Japón —y de todo lo que nos enseñó su miedo a la politización de la sanidad y su rigurosa gestión del riesgo— hoy seguimos nuestro recorrido por el mapa de las lecciones internacionales.
Nos movemos unos kilómetros al sur. Y lo hacemos para mirar hacia Corea, otro país que decidió anticiparse a los problemas antes de que el sistema colapsara.
Un país que entendió, mucho antes que otros, que la digitalización no empieza con pantallas, sino con personas.
Su sistema sanitario no se volvió eficiente porque compró tecnología, sino porque preparó a quienes iban a usarla. Antes de invertir en máquinas, invirtió en cultura.

En 2003 abrió sus puertas el Seoul National University Bundang Hospital, el primer hospital totalmente digital del país. Pero antes de que apareciera la primera pantalla, hubo dos años de trabajo invisible. Dos años de formación, de conversaciones, de cambios de hábitos.
Por cierto, en España el Hospital de Alzira había abierto en 1999, cuatro años antes, y ya funcionaba con un modelo completamente digitalizado. Recuerdo que en aquellos primeros años recibimos en Alzira a responsables de la sanidad coreana interesados en conocerlo. Ellos estaban empezando a diseñar su propio proyecto de transformación.
En Bundang, los directivos no impusieron el cambio. Lo construyeron con los equipos.
Se reunían servicio por servicio. Analizaban cómo se trabajaba realmente, qué pasos se repetían, dónde se perdía tiempo. Después, los propios profesionales rediseñaban su proceso ideal y los ingenieros lo traducían en código. El sistema nació del trabajo conjunto de quienes iban a utilizarlo.
La formación tampoco fue la habitual. No se trataba de enseñar a usar un programa, sino de aprender a confiar en los datos.
Se explicaba que cada registro exacto no era un trámite más, sino una herramienta de seguridad.
Los jefes aprendieron a liderar equipos que corregían y aprendían, no a controlar.
El lema era sencillo: “Antes de cambiar los sistemas, cambiemos las conversaciones.”
Ese modo de trabajar generó algo que no aparece en ningún manual: confianza. Una confianza que permitió a todo el hospital avanzar al mismo ritmo. Cuando llegó el momento de poner en marcha el sistema electrónico (BESTCare), no hubo resistencia. Era la versión digital de una forma de trabajar que ya existía.
Por eso funcionó. Por eso el SNUBH fue el primer hospital fuera de Estados Unidos en alcanzar el máximo nivel mundial de madurez digital, el HIMSS Stage 7. Porque entendieron que la tecnología es la última pieza, no la primera.
La transformación coreana no nació de la prisa ni de un decreto. Nació de la paciencia, de la formación, de escuchar a los profesionales y darles protagonismo. De invertir tiempo en los procesos, no solo en los sistemas.
Hoy Corea del Sur afronta el envejecimiento y la presión asistencial con un sistema preparado porque no esperó al colapso para transformarse. Nos recuerda algo esencial:
No se trata de digitalizar la sanidad, sino de humanizar el cambio que la hace posible.
Primero cultura y procesos. Luego, tecnología.



