Profesionales sanitarios de España y Uruguay analizan un caso en una unidad de urgencias dentro de un programa de prevención del suicidio.
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Prevención del suicidio: lecciones desde Uruguay y desde España

Dos formas complementarias de abordar un mismo problema

Cuando uno mira cómo actúan España y Uruguay frente al suicidio, descubre algo que no aparece en los informes oficiales ni en los debates políticos: que cada país ha construido una parte distinta de un mismo esfuerzo. España ha puesto mucha energía en detectar la ideación, mientras Uruguay ha puesto la fuerza en lo que ocurre cuando el intento ya ha sucedido. Y, curiosamente, es justo en esa diferencia donde están las lecciones más útiles.

España: intervenir antes, pero solo si la persona pide ayuda

En España, el recurso más visible y valioso es la Línea 024, que ha supuesto un cambio real en accesibilidad. Es una puerta abierta las 24 horas, gratuita, que permite escuchar a alguien antes de que el daño ocurra. Tiene un potencial enorme porque actúa en un momento crítico, cuando la persona todavía puede detenerse, cuando aún es posible intervenir desde la palabra.

Pero también tiene una limitación casi inherente al concepto: solo funciona si la persona quiere usarla. Si no llama, si no se atreve, si no llega a ese punto de pedir ayuda, el sistema simplemente no se entera de lo que está ocurriendo. Y en suicidio, precisamente ese “pedir ayuda” es muchas veces lo que falla.

Uruguay: actuar después, pero actuar siempre

En el otro extremo, Uruguay ha construido un modelo completamente distinto.
No tiene un teléfono equivalente, no ha puesto el foco en captar la ideación antes del daño; pero ha hecho algo que llama profundamente la atención: ha convertido el intento de suicidio en un evento que activa automáticamente al sistema sanitario, sin que la persona tenga que hacer absolutamente nada.

Cuando alguien llega a Urgencias tras un intento, ese episodio se registra en un sistema nacional único, en menos de 24 horas, y a partir de ahí se desencadena un circuito muy preciso:

  • revisión en menos de 48 horas,
  • otra en menos de 7 días,
  • y un seguimiento con trazabilidad y auditoría real.

No depende de la voluntad del paciente, ni de que quiera volver, ni de que busque apoyo por iniciativa propia. El circuito se activa porque el sistema entiende que ese intento ya es información suficiente para movilizarse.

Dos enfoques distintos complementarios

Y ahí está lo interesante: España actúa antes, pero necesita que la persona dé el paso.
Uruguay actúa después, pero no deja que nadie quede fuera. España previene, Uruguay acompaña. España escucha cuando alguien pide ayuda, Uruguay actúa cuando ocurre un intento.

Son dos aproximaciones distintas que no se contradicen: se complementan.

Lo que España podría aprender de Uruguay

Cuando uno lo mira con calma, lo que surge es una idea muy clara. España podría aprender de Uruguay algo tan sencillo como esto: que cada intento de suicidio atendido en Urgencias debería ser automáticamente un caso a seguir, no solo un episodio clínico.

Ese seguimiento con plazos claros, homogéneos y auditados evitaría que tantas personas desaparecieran del radar tras el primer intento. Convertiría un hecho doloroso en un punto de inflexión asistencial.

Lo que Uruguay podría aprender de España

Y, al mismo tiempo, Uruguay podría aprender de España el valor de actuar antes. De ofrecer una línea accesible, inmediata, que capte señales que nunca llegarán a una Urgencias. De abrir una puerta que permita intervenir cuando la persona todavía no ha dado el paso más peligroso. De reconocer que la prevención, cuando es posible, siempre es preferible a la reacción clínica posterior.

Hacia un aprendizaje compartido

Al final, lo que demuestra esta comparación es que ningún país tiene la solución completa, pero ambos tienen piezas que funcionan. España se adelanta al daño, Uruguay no deja que pase desapercibido. España escucha antes, Uruguay acompaña después.

Y entre ambos modelos aparece la imagen de lo que podría ser una estrategia integral: la capacidad de atender antes de que ocurra un intento y la obligación de no perder a nadie después de que haya ocurrido. En un problema tan complejo como el suicidio, donde cada vida importa, aprender unos de otros no es una opción: es una responsabilidad.

Fuentes consultadas

España

Uruguay

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