Turismo sanitario en Brasil: cuando la capacidad sanitaria convierte a las ciudades en destinos
Cuando se habla de turismo sanitario es fácil pensar en países que han construido una estrategia muy reconocible para atraer pacientes internacionales. En la anterior entrada de esta serie analizábamos precisamente el caso de Singapur, donde la sanidad se ha convertido en un verdadero activo internacional, apoyado en la calidad y reputación de su sistema sanitario, la especialización, la innovación y su capacidad para atraer pacientes de otros países.
En Brasil nos adentramos en una realidad diferente.
Por tamaño, población y diversidad territorial, resulta difícil observarlo como un único destino sanitario. São Paulo, Río de Janeiro o Recife parten de condiciones muy distintas, tienen capacidades sanitarias diferentes y ocupan posiciones también diferentes como destinos turísticos.
Y quizá sea precisamente ahí donde se encuentre lo más interesante del caso brasileño.
Más que un único destino de turismo sanitario, Brasil permite observar cómo diferentes ciudades pueden convertirse en polos de atracción de pacientes a partir de combinaciones distintas de capacidad sanitaria, especialización, conectividad y atractivo territorial.
La primera condición: tener algo por lo que desplazarse
Antes del turismo está la sanidad. Puede parecer evidente, pero es una cuestión importante. Para que una persona decida desplazarse fuera de su entorno habitual para recibir asistencia sanitaria debe existir algún elemento que justifique ese desplazamiento: una capacidad que no encuentra cerca de su residencia, una determinada especialización, profesionales de referencia, tecnología, calidad reconocida, disponibilidad o unas condiciones económicas favorables.
El turismo sanitario comienza, por tanto, mucho antes de que aparezcan hoteles, agencias de viaje o servicios específicamente diseñados para estos pacientes.
Comienza con la capacidad de un sistema sanitario o de un territorio para atraer pacientes.
Brasil dispone de esa capacidad en diferentes puntos de su geografía. La presencia de organizaciones sanitarias acreditadas se extiende por distintos estados y ciudades, reflejando una oferta de calidad que no se concentra exclusivamente en un único territorio.
Pero tener buenos hospitales tampoco convierte automáticamente a una ciudad en un destino sanitario. Hace falta algo más.
São Paulo: cuando la capacidad sanitaria es el principal factor de atracción
São Paulo representa probablemente el modelo más evidente. La dimensión de la ciudad, la concentración de hospitales y profesionales, la actividad universitaria, la investigación, la tecnología y la existencia de organizaciones sanitarias de referencia generan por sí mismas capacidad para atraer pacientes.
En este modelo, el movimiento parece producirse fundamentalmente desde la sanidad hacia el desplazamiento: capacidad sanitaria diferencial → atracción de pacientes → necesidades de transporte, alojamiento, restauración y otros servicios.
No es necesario que el atractivo turístico sea el elemento fundamental de la decisión. La persona puede desplazarse sencillamente porque quiere acceder a una determinada capacidad asistencial.
Esto permite ampliar considerablemente la mirada sobre el turismo sanitario.
Su importancia económica no debería medirse únicamente por el gasto producido dentro del hospital o de la clínica. El paciente que se desplaza necesita llegar, alojarse y permanecer durante un determinado periodo y, con frecuencia, viaja acompañado.
La actividad sanitaria genera así actividad económica fuera de la propia sanidad.
Río de Janeiro: cuando un gran destino turístico incorpora también capacidad sanitaria
Río de Janeiro permite observar la relación desde otra perspectiva.
Aquí existe previamente una de las marcas turísticas internacionales más reconocibles de Brasil. La ciudad dispone de conectividad internacional, una enorme infraestructura hotelera, restauración, servicios y experiencia en la recepción de visitantes. A ello se suma una importante oferta sanitaria.
La combinación permite plantear una cuestión diferente:
¿Qué sucede cuando una ciudad que ya es capaz de atraer y recibir millones de visitantes incorpora también la sanidad como una posible razón para desplazarse?
Parte de las condiciones que necesita el paciente internacional ya existen porque fueron desarrolladas para recibir al turista.
Aeropuerto, alojamiento, movilidad, restauración, idiomas y servicios complementarios no tienen que construirse desde cero. El turismo sanitario puede apoyarse sobre ellos.
Pero el caso brasileño que quizá mejor permite comprender hasta dónde puede llegar la relación entre sanidad, desplazamiento y territorio se encuentra bastante más al norte.
Recife: cuando la sanidad se convierte en una especialización de la ciudad
Recife resulta especialmente interesante porque la relación entre sanidad y territorio adquiere otra dimensión. La ciudad ha desarrollado un importante polo médico formado por hospitales, clínicas, laboratorios, universidades, empresas y actividades de investigación relacionadas con la salud.
Según la información de promoción de inversiones del propio municipio, Recife cuenta con más de 2.000 establecimientos sanitarios, entre hospitales, clínicas y laboratorios, con un importante peso de la red privada. La misma fuente señala que en 2022 más de 120.000 turistas llegaron a la ciudad para realizar procedimientos médicos.
El dato es especialmente significativo porque ya no estamos hablando únicamente de disponer de buenos hospitales. Estamos hablando de una concentración de capacidad sanitaria capaz de atraer pacientes de otros lugares.
Y alrededor de esos pacientes se genera también otra actividad: transporte, alojamiento, restauración y servicios para los acompañantes. Al mismo tiempo, la concentración de hospitales y clínicas favorece la presencia de proveedores, empresas tecnológicas, universidades e investigación.
La sanidad pasa así a tener un papel que va más allá de atender a la población de la ciudad. También atrae pacientes, profesionales, empresas, conocimiento e inversión.
Del hospital al territorio
Este es quizá uno de los aspectos más interesantes del caso de Recife.
Cuando una ciudad concentra una actividad sanitaria importante, sus efectos se extienden más allá de los hospitales y las clínicas. Los centros sanitarios necesitan profesionales, tecnología, equipamiento, mantenimiento, servicios diagnósticos y proveedores.
Y los pacientes que llegan desde otros lugares también necesitan transporte, alojamiento, restauración, información o servicios durante su estancia.
La actividad sanitaria acaba teniendo así un impacto sobre el conjunto de la ciudad.
Recife añade además otro elemento interesante: la relación entre su polo sanitario y el desarrollo tecnológico. La presencia de hospitales, universidades y empresas facilita que surjan proyectos y soluciones relacionados con las necesidades de la propia sanidad.
De esta forma, sanidad, tecnología, conocimiento y actividad económica empiezan a reforzarse entre sí.
Creo que así se entiende mucho más rápido y no perdemos la idea importante: Recife no interesa solo porque reciba turistas sanitarios, sino porque muestra lo que puede ocurrir en una ciudad cuando la sanidad alcanza suficiente tamaño y especialización para convertirse en un motor de atracción y actividad económica.
Tres ciudades, tres formas de atraer pacientes
São Paulo, Río de Janeiro y Recife muestran que no existe una única forma de desarrollar el turismo sanitario. En São Paulo pesa especialmente la concentración de capacidad sanitaria; en Río, esa capacidad se combina con un destino turístico internacional consolidado; y en Recife, la sanidad ha adquirido suficiente importancia como para convertirse en una especialización de la propia ciudad.
En un país de las dimensiones y diversidad de Brasil, quizá tenga más sentido pensar en diferentes polos sanitarios, cada uno con sus propias fortalezas, que en una única oferta nacional. La cuestión estaría en identificar qué puede ofrecer cada territorio, qué pacientes podría atraer y por qué estarían dispuestos a desplazarse hasta allí.
Y esta última pregunta es probablemente la más importante. Porque el turismo sanitario no comienza con el hotel, el aeropuerto o el atractivo turístico del destino. Todo ello facilita el desplazamiento, pero la primera razón para viajar tiene que estar en la sanidad: una especialización, unos profesionales, una tecnología, unos resultados o una capacidad asistencial que justifiquen hacerlo.
Brasil nos deja así una reflexión que puede servir para cualquier territorio que quiera desarrollar el turismo sanitario: antes de pensar cómo atraer pacientes, habría que preguntarse qué razones sanitarias tenemos para que quieran venir.
Después vendrán el viaje y el destino.
