Ilustración que representa el impacto del turismo en la presión asistencial durante el verano. Un médico analiza el aumento de la demanda sanitaria mientras un turista disfruta de la playa, simbolizando el reto de planificar la asistencia para una población estacional.
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El turismo es un gran invento… ¿depende? Cómo gestionar la sanidad de una población que cambia cada verano

Pocas expresiones han resumido con tanta sencillez una transformación económica como aquella que dio título a la conocida película española de 1968. Durante décadas, El turismo es un gran invento simbolizó cómo esta actividad transformaba el paisaje, la economía y la forma de vivir de numerosos territorios. Hoteles donde antes había campos, paseos marítimos donde existían pequeñas playas de pescadores y municipios que encontraron en los visitantes el motor de su desarrollo.

Ilustración de Antonio Burgueño, experto en gestión sanitaria

Más de medio siglo después, aquella afirmación continúa plenamente vigente. El turismo sigue siendo una de las principales actividades económicas del sur de Europa. Genera empleo, impulsa la inversión y sostiene miles de empresas. Pero toda gran transformación económica lleva asociada otra menos visible: la necesidad de adaptar los servicios públicos a una población que deja de ser estable para convertirse en dinámica.

Y probablemente sea la sanidad donde este reto resulte más complejo.

Los turistas también enferman. Sufren caídas, accidentes de tráfico, intoxicaciones alimentarias, reacciones alérgicas o complicaciones de enfermedades crónicas. Necesitan renovar un tratamiento olvidado en casa o acudir a un servicio de urgencias por un problema que, sencillamente, no entiende de vacaciones.

Sin embargo, la planificación sanitaria continúa apoyándose, en gran medida, sobre la población residente. Es sobre ella sobre la que se dimensionan plantillas, infraestructuras, equipamientos y previsiones de actividad. El problema es que, durante buena parte del año, esa población deja de coincidir con la que realmente utiliza el sistema sanitario.

Y esa diferencia va mucho más allá del turismo vacacional.

Segundas residencias, jubilados europeos que pasan varios meses al año en nuestro país, trabajadores desplazados, estudiantes internacionales o los cada vez más numerosos nómadas digitales forman parte de una población flotante que raramente aparece reflejada en el padrón, pero que sí demanda asistencia sanitaria allí donde reside temporalmente.

El verano añade además una dificultad adicional. Mientras aumenta la población que necesita atención sanitaria, disminuye parcialmente la capacidad resolutiva del sistema por las vacaciones de los profesionales y cambian los patrones habituales de utilización de los servicios por parte de la propia población residente. Mayor demanda, menor capacidad disponible y una utilización distinta del sistema conforman un escenario especialmente complejo desde el punto de vista organizativo.

En realidad, el reto no consiste únicamente en atender a más pacientes.

Consiste en evitar que todos recorran el mismo camino dentro del sistema sanitario.

Millones de visitantes frente a una población mucho menor

La dimensión del fenómeno puede observarse al comparar la población residente de algunos de los principales destinos turísticos españoles con el número de turistas internacionales que reciben.

Fuente: Elaboración propia a partir del INE (Cifras de Población y Frontur 2024). La comparación utiliza turistas internacionales por tratarse del indicador homogéneo disponible entre comunidades autónomas.

Durante 2024, Cataluña recibió 19,9 millones de turistas internacionales; Illes Balears, 15,3 millones; Canarias, 15,2 millones; Andalucía, 13,6 millones; y la Comunitat Valenciana, 11,9 millones.

La tabla no pretende establecer una competición entre destinos. Tampoco significa que cada turista genere automáticamente una necesidad sanitaria.

Lo relevante es la enorme diferencia existente entre la población con la que se planifica el sistema y el volumen de personas que pasan por ese territorio a lo largo del año.

En Illes Balears se registraron más de doce turistas internacionales por cada habitante. En Canarias, casi siete. Incluso en territorios con una población mucho mayor, como Cataluña, Andalucía o la Comunitat Valenciana, el volumen de visitantes resulta suficientemente importante como para modificar temporalmente el contexto en el que opera el sistema sanitario.

Además, esta comparación se limita al turismo internacional porque es el indicador homogéneo disponible entre comunidades autónomas. No incorpora el turismo nacional, las segundas residencias ni otras formas de estancia temporal. En consecuencia, en territorios como la Comunitat Valenciana, Andalucía o la Región de Murcia, la presión potencial probablemente sea superior a la que refleja esta ratio.

La presión no se distribuye uniformemente durante el año

El dato anual permite comprender la magnitud económica y demográfica del turismo, pero explica solo una parte del problema sanitario.

Los visitantes no se distribuyen de manera uniforme a lo largo de los doce meses. En numerosos destinos se concentran en unas pocas semanas, precisamente cuando también aumentan los desplazamientos internos de población y se reorganizan las plantillas por las vacaciones de los profesionales.

El sistema puede encontrarse así ante una combinación especialmente compleja:

  • aumenta la población presente en el territorio;
  • cambia el perfil de quienes necesitan asistencia;
  • disminuye parcialmente la disponibilidad habitual de profesionales;
  • y se modifican los patrones de utilización de los servicios por parte de la propia población residente.

No se trata, por tanto, de sumar el número anual de turistas a la población censada. Una persona que permanece tres días no equivale, desde el punto de vista asistencial, a un residente durante todo un año.

Pero tampoco puede ignorarse.

El verdadero problema aparece cuando una demanda adicional, aunque sea temporal, se concentra en un periodo muy reducido y en municipios, islas o áreas costeras concretas.

El turista no utiliza el sistema como un residente

Cuando cambia la población, también cambia la forma de acceder a la sanidad.

Un residente conoce, por regla general, dónde está su centro de salud, cómo solicitar una cita, qué dispositivos existen en su zona y cuándo debe acudir a atención primaria o a un servicio de urgencias.

El turista parte de una situación completamente distinta.

Puede desconocer cómo está organizado el sistema sanitario, qué cobertura tiene, qué recursos existen cerca de su alojamiento o cuál es la puerta de entrada más adecuada. A ello se suman, en ocasiones, barreras idiomáticas, dificultades administrativas o simplemente la falta de información sobre los servicios disponibles.

Ante esa incertidumbre resulta lógico que busque el recurso que le ofrece una mayor sensación de seguridad y disponibilidad inmediata.

Con frecuencia, ese recurso es la urgencia hospitalaria.

Por ello, la presión turística no depende únicamente del número de personas que pueden necesitar asistencia. Depende también de cómo acceden al sistema y del recorrido asistencial que realizan una vez dentro.

Una demanda de baja complejidad puede terminar utilizando un recurso de alta complejidad simplemente porque el paciente desconoce que existen alternativas más adecuadas.

El problema no consiste solo en atender a más pacientes

Cuando se analiza la presión asistencial en destinos turísticos, la primera respuesta suele ser reclamar más profesionales, más consultas o más capacidad hospitalaria.

En determinados momentos será necesario.

Pero el problema no consiste únicamente en incrementar recursos. Consiste también en evitar que toda la demanda temporal termine concentrándose en los dispositivos más complejos del sistema.

La organización adquiere entonces tanta importancia como la capacidad.

¿Dispone el visitante de información sanitaria clara antes de necesitar asistencia?

¿Existen dispositivos adaptados específicamente a la demanda estacional?

¿Puede resolverse una parte importante de los procesos cerca de los alojamientos o de las principales zonas turísticas?

¿Se diferencia suficientemente entre una urgencia hospitalaria y una necesidad asistencial que podría resolverse en otro nivel?

¿Se conoce realmente el recorrido que siguen los turistas dentro del sistema sanitario?

Responder a estas preguntas puede resultar tan importante como incorporar nuevos recursos.

Una población distinta exige una planificación distinta

España recibió 93,8 millones de turistas internacionales durante 2024, una cifra superior a la población residente del país.

Naturalmente, no estuvieron todos al mismo tiempo ni demandaron asistencia sanitaria en la misma proporción. Pero el dato refleja hasta qué punto la movilidad forma parte de la realidad demográfica de numerosos territorios.

La planificación sanitaria no puede abandonar la población residente como referencia fundamental. Sigue siendo la base estable sobre la que debe organizarse el sistema.

Pero quizá ya no sea suficiente.

En los territorios con una elevada movilidad estacional, conocer cuántas personas están empadronadas explica solo una parte de la demanda potencial. También resulta necesario comprender cuántas personas están realmente presentes, dónde se concentran, cuánto tiempo permanecen y, sobre todo, cómo utilizan el sistema sanitario.

Porque el verdadero reto no consiste únicamente en dimensionar recursos para una población que cambia.

Consiste en gestionar mejor el recorrido asistencial de esa población.

Cuando aumenta la demanda estacional, la pregunta ya no es únicamente cuántos profesionales adicionales hacen falta. La cuestión es si todos los pacientes deben terminar recorriendo el mismo circuito asistencial o si el sistema puede ofrecer itinerarios diferentes según el tipo de necesidad que presentan.

Ahí es donde la organización empieza a ser tan importante como la capacidad.

Esa será precisamente la idea que recorrerá esta serie de artículos. Analizaremos cómo distintos territorios están afrontando este desafío y qué soluciones organizativas están permitiendo absorber mejor la presión asistencial derivada del turismo. Comenzaremos por Croacia, un país que ha desarrollado dispositivos sanitarios estacionales específicamente orientados a atender a la población visitante durante los meses de mayor afluencia.

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