Turismo sanitario en Sudáfrica: sanidad pública y privada en Ciudad del Cabo
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El Turismo un gran invento…o no (y VI): Turismo sanitario en Sudáfrica, cuando la excelencia convive con la desigualdad

Sudáfrica puede ser simultáneamente un país con importantes dificultades para garantizar una atención homogénea a su propia población y un destino capaz de ofrecer medicina privada de alto nivel a pacientes internacionales.

Ilustración de Antonio Burgueño, experto en gestión sanitaria

Quizá esta sea una de las paradojas más interesantes que hemos encontrado en nuestro recorrido por distintos modelos de turismo sanitario alrededor del mundo. Y probablemente sea también una buena forma de terminar el viaje.

Un gran destino turístico en el extremo sur de África

Antes de hablar de sanidad conviene hablar de turismo.

Sudáfrica recibió 10,5 millones de turistas internacionales en 2025, un 17,7 % más que el año anterior y por encima incluso de los niveles previos a la pandemia. Durante el primer semestre de 2026, el crecimiento ha continuado: 5,58 millones de turistas internacionales, un 12,3 % más que en el mismo periodo de 2025.

No es difícil entender parte de su atractivo. Ciudad del Cabo, el Cabo de Buena Esperanza, las rutas vinícolas, el Parque Nacional Kruger, Johannesburgo, Durban o una extraordinaria diversidad natural convierten al país en uno de los grandes destinos turísticos del continente.

Pero hay un dato especialmente interesante para nuestra reflexión: la mayor parte de su turismo internacional procede del propio continente africano. En 2025, el 75,2 % de los turistas llegaron desde países pertenecientes a la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC).

Una potencia sanitaria regional

Sudáfrica no es solamente un destino situado en África. Es también un importante polo regional de atracción. Y esa misma posición ayuda a comprender su potencial sanitario.

Sudáfrica dispone de capacidades médicas que destacan dentro del contexto africano. Cuenta con hospitales privados, centros de alta especialización, profesionales cualificados, tecnología sanitaria avanzada y grandes grupos privados capaces de ofrecer una atención comparable en determinados ámbitos a la disponible en otros destinos sanitarios internacionales.

Para un paciente procedente de países de su entorno, por tanto, la decisión no tiene necesariamente que ser viajar a Europa, Estados Unidos o Asia para encontrar determinados servicios.

La distancia sanitaria no siempre coincide con la distancia geográfica.

Dos países pueden estar muy cerca y disponer de capacidades sanitarias muy diferentes. Por eso, muchos pacientes africanos no necesitan viajar a Europa, Estados Unidos o Asia: se desplazan dentro del propio continente buscando hospitales, especialistas o tecnología que no encuentran en su país. Sudáfrica ocupa una posición privilegiada como polo sanitario de referencia en el África subsahariana.

Dos realidades sanitarias muy diferentes

Hasta aquí podríamos contar una historia relativamente convencional de turismo sanitario. Un gran destino turístico, buenas comunicaciones, hospitales privados, profesionales especializados y capacidad para atraer pacientes.

Pero hacerlo así dejaría fuera probablemente lo más importante: El sistema sanitario sudafricano presenta una profunda dualidad entre los sectores público y privado.

El propio National Department of Health reconoce que alrededor del 84 % de la población depende del sector público, que trabaja con presupuestos limitados y soporta una importante presión asistencial. El sector privado atiende a una proporción muy inferior de la población y dispone de una concentración de recursos muy diferente.

El Second Presidential Health Compact 2024-2029 lo expresa todavía de manera más gráfica: el sector público destina aproximadamente un 3,7 % del PIB a atender a alrededor del 84 % de la población, mientras el sector privado consume aproximadamente un 4,2 % del PIB para atender a una fracción muy inferior.

La OMS sigue identificando en 2026 esta fragmentación entre financiación pública y privada y la distribución desigual de los recursos como algunos de los principales obstáculos de Sudáfrica para avanzar hacia una cobertura sanitaria universal efectiva.

Por tanto, hablar de la capacidad sanitaria sudafricana obliga a introducir una pregunta incómoda:

¿Cómo puede un país disponer de medicina capaz de atraer pacientes internacionales y, al mismo tiempo, tener dificultades para ofrecer esa misma capacidad de forma homogénea a su propia población?

La capacidad existe; el reto es hacerla accesible

Sudáfrica muestra que disponer de una elevada capacidad sanitaria no significa que toda la población pueda acceder a ella. El país cuenta con excelentes profesionales, hospitales especializados y tecnología avanzada, pero buena parte de estos recursos se concentra en el sector privado.

De ahí la paradoja: la misma sanidad capaz de atraer pacientes internacionales convive con importantes desigualdades de acceso dentro del país.

El National Health Insurance (NHI) pretende precisamente reducir esta brecha, avanzando hacia la cobertura universal y una utilización más integrada de los recursos públicos y privados.

El reto, por tanto, no es solo desarrollar más capacidad sanitaria, sino conseguir que la excelencia que Sudáfrica ya tiene llegue también a una mayor parte de su población.

Entonces, ¿el turismo sanitario es parte del problema?

Sería demasiado sencillo llegar a esa conclusión. El turismo sanitario no crea necesariamente la desigualdad sanitaria sudafricana. Y tampoco parece razonable considerar negativo que hospitales y profesionales sean capaces de atraer pacientes internacionales.

Esos pacientes generan actividad económica, ingresos, empleo, inversión, conocimiento y demanda de servicios complementarios. Además, la combinación entre turismo convencional y servicios sanitarios puede reforzar la posición internacional del país.

La pregunta interesante es otra: ¿qué relación existe entre esa capacidad de atracción internacional y las necesidades sanitarias del propio territorio?

Porque podemos imaginar dos escenarios muy diferentes.

En uno, el turismo sanitario funciona prácticamente como un circuito independiente: capacidad privada orientada hacia pacientes con capacidad de pago, nacionales o extranjeros, mientras el sistema público continúa sometido a importantes restricciones.

En otro, la actividad internacional contribuye a sostener infraestructuras, atraer profesionales, desarrollar especialización, incorporar tecnología y generar capacidades que, mediante los mecanismos adecuados, pueden terminar beneficiando también al conjunto del sistema sanitario.

La diferencia entre ambos escenarios no depende del turismo. Depende fundamentalmente de cómo se gobierna el sistema sanitario en el que ese turismo se desarrolla.

Una última lección después de viajar por el mundo

A lo largo de esta serie hemos recorrido lugares muy alejados entre sí. Hemos observado países con costes competitivos, otros que han apostado por la especialización, grandes destinos turísticos que han incorporado la sanidad a su oferta y territorios que han construido auténticos polos sanitarios capaces de atraer pacientes desde miles de kilómetros.

Asia, Europa, América y ahora África. Contextos económicos, culturales y sanitarios muy diferentes. Pero después de todo este recorrido quizá podamos identificar algunas constantes.

Para desarrollar turismo sanitario hace falta capacidad asistencial disponible, especialización, reputación, seguridad, accesibilidad, conectividad internacional, coordinación entre servicios, una experiencia adecuada para el paciente y, cada vez más, una estrategia capaz de integrar sanidad, turismo y desarrollo económico.

Sudáfrica añade, sin embargo, un último matiz especialmente visible: la equidad.

Atraer pacientes internacionales puede demostrar capacidad, especialización y excelencia sanitaria. Pero no nos dice cómo se distribuye esa capacidad dentro del propio país ni quién puede acceder a ella.

Sudáfrica nos recuerda así que excelencia y equidad no son necesariamente lo mismo.

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