Sentirse enfermo: los problemas de salud como origen de la demanda en Atención Primaria
El análisis de la Atención Primaria se ha apoyado tradicionalmente en variables de actividad: número de consultas, frecuentación, visitas domiciliarias, contactos no presenciales, derivaciones o utilización de otros recursos asistenciales. Su evolución permite conocer la carga que está asumiendo el sistema y constituye una referencia fundamental para dimensionar necesidades y capacidad.

Sin embargo, la actividad asistencial representa el resultado de un proceso anterior. Si queremos comprender por qué aumenta, disminuye o cambia su composición, es necesario analizar también cómo se origina y configura la demanda que finalmente llega al sistema sanitario.
El punto de partida se encuentra en los problemas de salud de la población. Su aparición no genera necesariamente una demanda asistencial. Entre ambas situaciones existe un proceso en el que la persona percibe determinados síntomas, limitaciones, malestar o alteraciones de su estado de salud, interpreta su significado y decide cómo responder ante ellos. Una de las posibles respuestas es solicitar atención sanitaria.
Esta distinción entre enfermedad, percepción de necesidad y utilización de los servicios forma parte desde hace décadas del análisis de la demanda sanitaria. Pedro Laín Entralgo, al estudiar la relación entre el médico y el enfermo, prestaba atención precisamente a cómo el individuo siente su enfermedad, cómo responde ante ella y a la motivación que finalmente conduce a solicitar la intervención del médico.
La demanda asistencial no puede entenderse, por tanto, como una consecuencia automática de la existencia de enfermedad. Su formación está condicionada por las características de los problemas de salud, pero también por factores personales, sociales, culturales y organizativos que intervienen en la percepción de necesidad y en la decisión de acudir al médico de atención primaria, o no.
Una vez producido el primer contacto comienza una fase diferente. La valoración profesional, las decisiones clínicas y la organización de los servicios condicionan la respuesta posterior: tratamiento, pruebas diagnósticas, seguimiento, revisiones, derivaciones o nuevos contactos. Un mismo problema de salud puede así originar un número muy diferente de actuaciones asistenciales.
Existe, además, una segunda vía de generación de actividad que resulta especialmente relevante en los sistemas sanitarios actuales. No toda la atención se inicia por una decisión espontánea del paciente. El seguimiento de enfermedades crónicas, los programas preventivos o los controles periódicos generan actividad programada por los propios profesionales y organizaciones sanitarias. Una persona puede encontrarse clínicamente estable y, sin embargo, requerir sucesivos contactos como consecuencia de un proceso de seguimiento previamente establecido.
Esta diferenciación es fundamental desde el punto de vista del análisis de la demanda. Problemas de salud, demanda y actividad asistencial están relacionados, pero representan momentos diferentes del proceso asistencial. Confundirlos dificulta identificar qué está impulsando realmente el crecimiento de la actividad.
Los problemas de salud como punto de partida
Si el objetivo es aproximarnos al origen de la demanda, el tamaño de la población constituye una primera referencia, pero resulta claramente insuficiente.
Poblaciones de dimensiones semejantes pueden presentar necesidades asistenciales muy diferentes. La estructura por edades, la prevalencia de enfermedades crónicas, la multimorbilidad, la discapacidad, las condiciones socioeconómicas, los estilos de vida o las características del territorio modifican tanto la probabilidad de presentar problemas de salud como la necesidad potencial de atención sanitaria.
El análisis debe incorporar, por tanto, el estado de salud de esa población.
Pero incluso esta aproximación requiere distinguir dos dimensiones diferentes. Por una parte, el número de personas que presentan algún problema de salud. Por otra, el número de problemas que presenta cada una de ellas.
La diferencia no es menor. Una persona puede presentar simultáneamente varios procesos que requieran tratamiento, seguimiento o atención continuada. El volumen de población con problemas de salud permite aproximarnos a la extensión de las necesidades sanitarias; la acumulación de problemas permite aproximarnos a su intensidad y complejidad potencial.
Desde esta perspectiva, la demanda potencial puede aumentar sin que exista un crecimiento equivalente de la población. Puede hacerlo porque una mayor proporción de personas presenta problemas de salud, porque aumenta el número de problemas que acumula cada una o porque ambos fenómenos se producen simultáneamente.
El análisis de los datos de Atención Primaria en España permite observar precisamente esta evolución.
El caso de España: más personas con problemas de salud origresivamente
Entre 2016 y 2024, el número de personas con problemas de salud registrados en Atención Primaria pasó de 37,4 a 43,8 millones. En el conjunto del periodo supone un incremento superior a seis millones de personas y, desde 2018, la tendencia es prácticamente continua. Problemas-de-Salud-en-Atencion-…
El crecimiento, además, no puede atribuirse exclusivamente al aumento de la población. Las personas con problemas de salud representaban el 81,4 % de la población en 2016 y el 91,2 % en 2024.
Se produce así una ampliación de la población potencialmente demandante por dos vías: aumenta su número absoluto y aumenta también su peso relativo sobre el conjunto de la población.
Sin embargo, esta evolución explica solo una parte del cambio observado. Los problemas de salud aumentan más que las personas que los presentan. La evolución resulta más significativa cuando se analiza el volumen de problemas de salud registrados.
En 2016 se registraron 311,75 millones de problemas de salud. En 2024 fueron 429,40 millones.
El incremento de los problemas de salud supera claramente al crecimiento del número de personas que los presentan. Como consecuencia, aumenta la carga media de problemas registrados por persona.
En 2016 se situaba en 8,33 problemas por persona con problemas de salud. En 2024 alcanza 9,80. Este resultado introduce una dimensión especialmente relevante para interpretar la evolución de la demanda potencial: no solo aumenta el número de personas que presentan problemas de salud; aumenta también la carga de problemas que concentra cada una de ellas.
La evolución temporal refuerza esta interpretación. Hasta la pandemia, ambas variables mantenían un comportamiento prácticamente paralelo. En los años posteriores la relación se modifica y los problemas registrados crecen con mayor intensidad que las personas afectadas.
No estamos, por tanto, únicamente ante una ampliación de la población susceptible de requerir atención. Estamos también ante una mayor concentración de necesidades sanitarias en cada persona.
De la población a la carga de necesidades sanitarias
Esta distinción modifica la forma de interpretar el crecimiento de la demanda.
El tamaño de la población informa sobre la base demográfica sobre la que debe actuar el sistema sanitario. La población con problemas de salud permite aproximarse mejor al volumen de personas potencialmente necesitadas de atención. Pero la carga de problemas por persona incorpora una dimensión adicional: la intensidad y complejidad potencial de esas necesidades.
Una población puede mantenerse relativamente estable y generar, sin embargo, una demanda creciente. Del mismo modo, dos territorios con poblaciones similares pueden presentar necesidades asistenciales muy diferentes si difieren en la prevalencia de problemas de salud, en su persistencia o en su acumulación en una misma persona.
Los datos españoles ilustran bien esta cuestión. En 2024, 43,8 millones de personas concentraban 429,4 millones de problemas de salud registrados, una media próxima a diez problemas por persona. Problemas-de-Salud-en-Atencion-…
El dato no permite inferir directamente la actividad que generará esa carga de enfermedad. Diez problemas registrados no equivalen a diez consultas ni todos los problemas tienen la misma capacidad para generar utilización de servicios. Su traducción en actividad dependerá de su naturaleza, persistencia y gravedad, de la percepción de necesidad por parte del paciente y, una vez establecido el contacto, de las decisiones profesionales y de la organización asistencial.
Pero sí permite identificar una transformación previa a la actividad: la base sobre la que se forma la demanda está cambiando.
Y probablemente esta sea una de las cuestiones que debamos incorporar con mayor claridad al análisis de la capacidad asistencial. No basta con estudiar cuánto aumenta la actividad ni cuántas personas componen la población de referencia. Es necesario conocer qué problemas de salud presenta esa población, cuántos acumula, cómo evolucionan y qué capacidad tienen para generar necesidades de atención.
En España, los primeros resultados apuntan en una dirección clara: más personas presentan problemas de salud y, al mismo tiempo, cada persona concentra un número mayor de problemas.
La siguiente cuestión es, por tanto, qué hay detrás de ese crecimiento: qué problemas están aumentando, cuánto permanecen en el tiempo y qué cambios se están produciendo en el perfil de necesidades de la población.
Ese análisis permite avanzar desde una pregunta centrada en cuánto está creciendo la demanda hacia otra probablemente más relevante para la planificación sanitaria: qué demanda está creciendo y qué tipo de Atención Primaria será necesaria para responder a ella.
Este artículo forma parte del análisis desarrollado en “Sentirse enfermo. Los problemas de salud como origen de la demanda en Atención Primaria. 2016–2024”, elaborado por Enclave Salud en el marco del Proyecto Venturi, con la colaboración del Círculo de la Sanidad en el impulso de su difusión y debate.

